jueves, 7 de marzo de 2013

LA ETERNA CONTRADICCIÓN, LA ADICCIÓN CONTRARIA



 Qué triste debió ser  un humano silvestre. Pararse en la montaña y  ver como las demás especies 
convivían  huyendo de su presencia como un triste predador sin garras que quiere solo contemplar. Más que ignorados, se debieron sentir despreciados por el mundo, sin ninguna razón aparente. No era su olor ni sus gestos, ni su desnudez irrepetible e incomprensible, era su naturaleza de humanidad que desencaja en la naturaleza del planeta. Debió ser difícil no perder la cordura, intentando entenderse a sí mismos y esa voz que subía  de tono en su cabeza.  Somos como el niño que nadie invitó a jugar. Se va, se aísla y le da forma a su propia realidad a la que no deba invitar a nadie. El propio fuerte que aprovecha una porción de esa vida que lo ignora. Somete a las plantas para forjar sus propios jardines que lo alimentan, con algunos poco animales menos astutos y menos uñas que puedan desgarrar a su madre o a su hermano. Luego se para encima de su juego de té y le demuestra a los demás lo que ha hecho sin ellos, pero la verdad es que sigue sin importarles.  Valiosísimo acto, ahora puede sentarse a pensar y admirar su creación, mientras la selva intenta sobresalir para preguntar por qué ha sido quemada.

Ay la sobre-naturaleza humana y su compleja existencia ¿Qué habrá pensado el universo cuando decidió que en su sistema debía incluir una población conductora con tanta funcionalidad? 
Se habrá sorprendido por su insuficiencia me imagino.
Seguro que previó nuestro crecimiento, es solo cuestión de algunos cálculos. 
Pero jamás imaginó que su niño superdotado sería el rechazado por la misma materia.

Es como ese hijo que los maestros quieren pero que es repugnado por sus iguales. La verdad es que como madre no sabría cómo hacer para controlar el corazón roto de un hijo mío. Ahora aquí encerrados en nuestra propia realidad cada vez con mas velocidad y menos sentido, el universo vive nuestra inseguridad y es  incapaz de detenernos. Sí, aunque tengamos la tranquilidad de alimentarnos y reproducirnos, es en su mayor parte una tranquilidad tambaleante. Por lo menos actualmente, somos una curva únicamente limitada por el espacio y nuestra necesidad, pero  vacilamos entre el umbral al que hemos retado como quien infla una bomba sin detenerse. Por la eficiencia de nuestros antepasados en mantenernos vivos y obviamente completamente favorecidos por la selección, ahora independientes de ella, físicamente es imposible sostenernos.  Lo único que se puede esperar es que, nuestro amado nuevo juguete se estalle en nuestra cara. Pero bueno algo nos inventaremos. Ahora el verdadero problema es ¡Sobrevivir nuestra mentira! La tierra igual es capaz de sostener cosas con alta velocidad y grandísimo peso como el agua, casi indestructible y sobre todo inevitable junto con la gravedad, pero el agua es abrazada por la tierra, seguro que sin frenos nuestra especie tendrá que soportar un terrible golpe más de la agobiante gota que recibe en la frente todos los días.
¿Dónde están las señales del camino? ¿El manual? Porque sí que somos buenos en mantenernos,  un poco en transportarnos y entretenernos, pero y ¿ahora qué?  Siento un poder muy grande ignorado en los valores, siento que evadimos una respuesta constante porque parece carente de poder por su nobleza. Se que nadie pensaría en usar como arma una flor, y por lo mismo la suavidad de una acto altruista es imposible de representar. Parece imposible sonreír sin un fin predeterminado o al menos dejar de parecer un idiota. Como cuando se admira la imagen de San Francisco, con los animales sobre sus hombros, con la naturaleza abrazándolo y mientras tanto una ligera sensación de vergüenza ajena por la excesiva pretensión  de la imagen.

Siento que ignoro las verdaderas preguntas por las que existo por cumplir con los sueños de la rueda indefinida a la que llamo sociedad.

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Ahora en este civismo que aborrece la humedad, la tierra y las raíces en su camino me siento exhausta, mi cuerpo flácido grita por trabajarse con el tiempo y la tranquilidad que merece, pide alimento de los árboles y de la tierra, pide la imperfección de un mundo sin líneas rectas al que saltar y agarrar con sus uñas y dedos. Así son mis tiempos, y yo como una antepasada  no sé con qué intensidad gritar mis preocupaciones, porque no puedo ni con la generación de ahora, ni convencerme a mí misma de que me detenga. Los disfraces de mis hermanos me asustan, con su moda, con su inmensa ignorancia hacia la sutileza, con su dinero, sus programas vacacionales y sus grandes camionetas y camiones, sus botas y sus corbatas entre alcohol y esa idea del amor vago. Seguro que la gran mayoría pensaran y proclamaran lo mismo que yo con igual impotencia,  pero esa es la irónica condición de quienes se entierran en su propio mundo: “La eterna contradicción, la adicción contraria”.  Es decir, hay menos debate cuando hay más voces, alguien siempre calla alguien, al menos con una verdad a medias o con un ejemplo, pero el hijo único siempre es consentido, siempre es egoísta y malcriado, lo quiere todo y lo quiere ya, como nuestra mente divagando solitaria. Es que si el hombre pudiera alargaría el día, quitaría la lluvia y hasta alejaría o atraería el sol, solo para aumentar su producción. Días extraños debe vivir la tierra con nosotros sobre su lomo, espero que al girar su cabeza y vernos sobre ella se entretenga un poco viendo nuestro teatro.
Qué intenso, que fuerte qué denso, pienso en las mañanas mientras miro la masa pensante reír y no reír entre su celda invisible e imaginaria, por quién trabajas, para qué lo haces, quién realmente quieres ser, cuáles son tus metas, seguro que se detendrían los días hábiles si alguien intentara responder honesta y consciente a esas preguntas. Tal vez mañana camino en mi masa les pregunte a algunos.  

Pero espero poder pararme sobre una piedra y solo mi voz algún día y convencerlos que su negocio no es negocio cuando se trata de la vida de verdad y no esa que se inventaron. Sí, solo mi voz y una piedra, nada de mensajes instantáneos para que la tierra tiemble con el poder de la voz de la verdad y traspase el tiempo con el verdadero propósito que vine a cumplir como mensajera del tiempo.   Imagino un mundo sin concreto, sin comercio concentrado ¿Para qué les serviría el dinero que pasan por las narices del que no lo quiere con la excusa de enseñar? La información está prostituida. No quiere hablar de lo que debe hablar, el humo y la luz, le han hecho ignorar las estrellas, su propia alma, olvidar su amor por transportarse y  amarrada busca desesperada morder las fibras del dólar mientras llora los árboles con los que fueron creadas. Demencia pura.

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