Qué triste debió ser un humano silvestre. Pararse en la montaña y ver como las demás especies
convivían huyendo
de su presencia como un triste predador sin garras que quiere solo contemplar. Más
que ignorados, se debieron sentir despreciados por el mundo, sin ninguna razón
aparente. No era su olor ni sus gestos, ni su desnudez irrepetible e incomprensible,
era su naturaleza de humanidad que desencaja en la naturaleza del planeta.
Debió ser difícil no perder la cordura, intentando entenderse a sí mismos y esa
voz que subía de tono en su cabeza. Somos como el niño que nadie invitó a jugar. Se
va, se aísla y le da forma a su propia
realidad a la que no deba invitar a nadie. El propio fuerte que aprovecha una
porción de esa vida que lo ignora. Somete a las plantas para forjar sus propios
jardines que lo alimentan, con algunos poco animales menos astutos y menos
uñas que puedan desgarrar a su madre o a su hermano. Luego se para encima de su
juego de té y le demuestra a los demás lo que ha hecho sin ellos, pero la
verdad es que sigue sin importarles. Valiosísimo
acto, ahora puede sentarse a pensar y admirar su creación, mientras la selva
intenta sobresalir para preguntar por qué ha sido quemada.
Se
habrá sorprendido por su insuficiencia me imagino.
Seguro que previó nuestro crecimiento, es
solo cuestión de algunos cálculos.
Pero jamás imaginó que su niño superdotado
sería el rechazado por la misma materia.
Es como ese hijo que los maestros quieren pero que es repugnado por sus
iguales. La verdad es que como madre no sabría cómo hacer para controlar el
corazón roto de un hijo mío. Ahora aquí encerrados en nuestra propia realidad
cada vez con mas velocidad y menos sentido, el universo vive nuestra
inseguridad y es incapaz de detenernos.
Sí, aunque tengamos la tranquilidad de alimentarnos y reproducirnos, es en su
mayor parte una tranquilidad tambaleante. Por lo menos actualmente, somos una
curva únicamente limitada por el espacio y nuestra necesidad, pero vacilamos entre el umbral al que hemos retado
como quien infla una bomba sin detenerse. Por la eficiencia de nuestros antepasados
en mantenernos vivos y obviamente completamente favorecidos por la selección,
ahora independientes de ella, físicamente es imposible sostenernos. Lo único que se puede esperar es que, nuestro
amado nuevo juguete se estalle en nuestra cara. Pero bueno algo nos
inventaremos. Ahora el verdadero problema es ¡Sobrevivir nuestra mentira! La
tierra igual es capaz de sostener cosas con alta velocidad y grandísimo peso
como el agua, casi indestructible y sobre todo inevitable junto con la gravedad,
pero el agua es abrazada por la tierra, seguro que sin frenos nuestra especie
tendrá que soportar un terrible golpe más de la agobiante gota que recibe en la
frente todos los días.
¿Dónde están las señales del camino?
¿El manual? Porque sí que somos buenos en mantenernos, un poco en transportarnos y entretenernos,
pero y ¿ahora qué? Siento un poder muy
grande ignorado en los valores, siento que evadimos una respuesta constante
porque parece carente de poder por su nobleza. Se que nadie pensaría en usar
como arma una flor, y por lo mismo la suavidad de una acto altruista es imposible
de representar. Parece imposible sonreír sin un fin predeterminado o al menos dejar
de parecer un idiota. Como cuando se admira la imagen de San Francisco, con los
animales sobre sus hombros, con la naturaleza abrazándolo y mientras tanto una
ligera sensación de vergüenza ajena por la excesiva pretensión de la imagen.
Siento que ignoro las verdaderas
preguntas por las que existo por cumplir con los sueños de la rueda indefinida
a la que llamo sociedad.
<-------------- !!!
Ahora en este civismo que aborrece la humedad, la
tierra y las raíces en su camino me siento exhausta, mi cuerpo flácido grita
por trabajarse con el tiempo y la tranquilidad que merece, pide alimento de los
árboles y de la tierra, pide la imperfección de un mundo sin líneas rectas al
que saltar y agarrar con sus uñas y dedos. Así son mis tiempos, y yo como una
antepasada no sé con qué intensidad
gritar mis preocupaciones, porque no puedo ni con la generación de ahora, ni
convencerme a mí misma de que me detenga. Los disfraces de mis hermanos me
asustan, con su moda, con su inmensa ignorancia hacia la sutileza, con su
dinero, sus programas vacacionales y sus grandes camionetas y camiones, sus botas
y sus corbatas entre alcohol y esa idea del amor vago. Seguro que la gran mayoría
pensaran y proclamaran lo mismo que yo con igual impotencia, pero esa es la irónica condición de quienes
se entierran en su propio mundo: “La
eterna contradicción, la adicción contraria”. Es decir, hay menos debate cuando hay más
voces, alguien siempre calla alguien, al menos con una verdad a medias o con un
ejemplo, pero el hijo único siempre es consentido, siempre es egoísta y
malcriado, lo quiere todo y lo quiere ya, como nuestra mente divagando
solitaria. Es que si el hombre pudiera alargaría el día, quitaría la lluvia y
hasta alejaría o atraería el sol, solo para aumentar su producción. Días
extraños debe vivir la tierra con nosotros sobre su lomo, espero que al girar
su cabeza y vernos sobre ella se entretenga un poco viendo nuestro teatro.
Qué intenso, que fuerte qué
denso, pienso en las mañanas mientras miro la masa pensante reír y no reír
entre su celda invisible e imaginaria, por quién trabajas, para qué lo haces,
quién realmente quieres ser, cuáles son tus metas, seguro que se detendrían los
días hábiles si alguien intentara responder honesta y consciente a esas preguntas. Tal vez mañana camino en mi
masa les pregunte a algunos.
Pero espero poder pararme sobre una piedra y solo
mi voz algún día y convencerlos que su negocio no es negocio cuando se trata de
la vida de verdad y no esa que se inventaron. Sí, solo mi voz y una piedra,
nada de mensajes instantáneos para que la tierra tiemble con el poder de la voz
de la verdad y traspase el tiempo con el verdadero propósito que vine a cumplir
como mensajera del tiempo. Imagino un mundo sin concreto, sin comercio
concentrado ¿Para qué les serviría el dinero que pasan por las narices del que
no lo quiere con la excusa de enseñar? La información está prostituida. No
quiere hablar de lo que debe hablar, el humo y la luz, le han hecho ignorar las
estrellas, su propia alma, olvidar su amor por transportarse y amarrada busca desesperada morder las fibras
del dólar mientras llora los árboles con los que fueron creadas. Demencia pura.
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