Me recuesto en el colchón sin patas de mi habitación, veo las nubes pasar por la ventana y me siento ligera. Se ve el azul del cielo contrastando el rojo de las flores del Ginger, así es Costa Rica llena de colores complementarios, de luz cálida iluminando las hojas verde oscuro de un follaje que transpira incesante y productivo.
Hace tiempo tenía un sueño, una idea vaga, un concepto ideal de "la tierra soñada". Quería con ansias venir aquí y conocer a profundidad su cultura, su biodiversidad, su abundancia de vida. ¿Cómo es que un país tropical del tamaño de un pequeño departamento de Colombia podía contener tanta riqueza, especialmente biológica? Me atrajo ese verde oscuro, hábitat de millones de animales con pelo, escamas, plumas y caparazones de colores.
Lo interesante de Centroamérica es la función de ecotono que cumplen sus países, aquí se mezcla la genética del Norte con la del Sur, también se mezclan los ascentos, la comida y las culturas. Me he sentido algunas veces en México, otras en Ecuador y con la humedad al 100% entre la selva espesa recuerdo el pacífico chocoano. Hay arepas y también tortillas, hay elotes y mazorcas, hay Piangua y Mojarra.
Aquí también vine porque se rumoraba que la gente "cuidaba de los animales", una cualidad muy secilla pero muy escaza en Colombia, y en general en países con políticas Neoliberales y extractivistas. Veía hace unos minutos en redes sociales un video que mostraba unas grandes, grandísimas cadenas! atadas a un vehículo, quizás sería un tractor. Las cadenas enredaban un parche de bosque a raz de suelo, y de esta forma mientras el tractor avanzaba las cadenas iban arrazando con el bosque amazónico. Un ecosistema probablemente primario, hábitat de cientos de miles de animales.
Cuánta falta nos hace la cultura del cuidado en las tierras del sur. Efectivamente en Costa Rica he encontrado unas ideas distintas. Me hice amiga del vigilante del hotel donde trabajo, nos encontrábamos a diarío en el mismo punto junto al bosque buscando una osa perezosa que él sabía con mayor precisión y habilidad cómo encontrarla. Son animales muy crípticos, y él siempre la veía primero, el vigilante siempre sabía lo que la perezosa estaba haciendo.
Eentendí que el vigilante aquí no sólo cuida de las "cosas", también cuida de otros seres no humanos, de otros seres valiosos con los que convivimos. Espero ir con él a caminar por más senderos cerrados al otro lado de la quebrada Las Palmas, y espero también encontrarme con serpientes, aves, ranas y muchas bromelias como debe ser, como debería ser posible en todos estos rincones tropicales donde la vida sólo desea existir.