lunes, 28 de octubre de 2019

EL DERECHO ANIMAL A LA PROTESTA


Una mirada a la protesta desde la socio-biología


Los representantes de las ciencias naturales en el SXX propusieron una perspectiva “arriesgada” de analizar los problemas sociales desde la biología, utilizando la etología para el estudio del comportamiento animal humano. Para este momento, las ciencias sociales y las naturales debatieron su posición desde sus métodos de estudio, para así demarcar sus paradigmas. Aun así, zoólogos y científicos como Konrad Lorenz y Desmond Morris propusieron una mirada biológica del comportamiento humano; atreviéndose a recordar el origen primate de nuestra sociedad y nuestra posición, atreviéndose a afirmar que querámoslo o no, estamos dentro de los mecanismos evolutivos como un chimpancé, o un lagarto collarejo.

Charles Darwin en el siglo XIX, tuvo que dar una larga lucha para convencer a la academia de ciencias en ubicar a nuestra especie como parte de las cadenas alimenticias y nuestras relaciones cercanas con las poblaciones de chimpancés y Bonobos en África. En el SXX y aún en nuestros tiempos, asumir nuestra relación animal genera un rechazo casi inmediato para algunas personas, quizá porque nos cuesta entender el origen salvaje de nuestra naturaleza o no queremos ver nuestro reflejo peludo y con cola. Pero la propuesta de la socio-biología y la etología como método de análisis de los problemas sociales tiene sus ventajas, y una gran diferencia con las ciencias sociales, lo que permite su complementariedad. 

Así por ejemplo, parafraseando al filósofo colombiano Roberto Palacios en su artículo sobre la agresión y la guerra desde un punto de vista zoológico, la etología utiliza 2 principios de análisis: la observación y la comparación, estas desde una perspectiva inductiva y meramente descriptiva, permitiendo una posición objetiva de los hechos que descarta momentáneamente los orígenes culturales del comportamiento. Esto da como resultado generalmente que los científicos reconozcan las causas innatas e instintivas del comportamiento humano, así como los beneficios evolucionistas de los resultados de dicho comportamiento. Como organismos sociales, al igual que las manadas de mamíferos que trabajan en equipo para conseguir alimento, los humanos tenemos lo que llamamos la política,  originada a partir de los grupos que toman decisiones sobre los recursos de toda la población.

Desde esa perspectiva, las protestas sociales son un fenómeno que no es sólo una característica de nuestra especie, siendo que los enfrentamientos interéspecíficos son comunes y obedecen a la defensa del territorio, la reproducción y la supervivencia y por tanto están relacionados directamente con la Selección Natural. La protesta social, viene siendo ese mecanismo por el cual los líderes de las manadas son enfrentados por individuos más jóvenes o más fuertes, como sucede en las poblaciones de  caballos cimarrones de América del norte. Lo que nos diferencia es el uso de la “violencia” como un lenguaje destructivo, que resulta en lo que Konrad Lorenz (el padre de la etología) llamó la inadecuación de la agresión humana.

Los últimos casos presentados en Chile, Colombia, Ecuador, España entre otros, tienen diferentes orígenes culturales. Así en Chile, las protestas están demostrando una inconformidad frente a las estrategias de desarrollo neoliberales, en Colombia de una manera similar las protestas piden la reorganización de la economía de un país con una de las más altas brechas de desigualdad del mundo, en España se lucha por la independencia de un gobierno que no se conoce como propio, y en Ecuador así mismo, los indígenas se tomaron las calles de Quito pidiendo mejores condiciones de vida para su comunidad. Quizá el caso más impactante en términos de movimientos sociales, es el de las marchas por el cambio climático, y el movimiento que despertó la falta de interés de gobiernos como el de Estados Unidos frente a una situación que requiere de medidas contundentes y urgentes.

Lo que tienen en común estas marchas, movimientos sociales o protestas entre ellas y con otras infinitas que se han dado en la historia de la humanidad, es que se hacen en respuesta de lo que se considera para cierto grupo, gremio o porción de la población un acto previo de violencia. Entonces, estos grupos se levantan porque se consideraron agredidos frente a las decisiones políticas, donde sus territorios, recursos y por tanto su supervivencia entran en juego. Para analizarlo desde una perspectiva etológica, vamos a situarnos en las marchas o en la protesta desde su “hábitat natural” las calles o avenidas principales de las ciudades, plazas, parques, donde el territorio entre los que vamos a llamar “los indignados” y los que vamos a llamar los “opresores” comparten su poder, el espacio público. Así mismo encontramos que los machos y hembras participantes en estos movimientos, utilizan lenguajes intimidantes que recuerdan a los rituales de etnias indígenas en los que se salta, se baila y se canta alrededor del fuego. En algunos casos se cubren el rostro y se protege dentro de la indentidad de grupo, la identidad individual, donde se unen por una causa común.

La violencia empieza a tener un valor muy importante, pues como lenguaje representa la respuesta de esta porción de la población a un acto de violencia previo, dado por el opresor o el gobierno al subirles el precio de su mecanismo de transporte, “al tratarlos como animales” dicen algunos, al restringir el acceso a sus recursos agua, petróleo, bosques, o intereses comunes como la paz en el caso de Colombia. Y lo que resulta es aún más interesante, aunque los brazos del grupo opresor dado por la fuerza pública como el poder militar, la policía, entran a intentar detener la manifestación, en la mayoría de los casos los demandados opresores deben salir a la voz pública generalmente intimidados a mediar y a intentar ofrecer lo exhigido por la masa que está pidiendo el poder de ese espacio público que por un momento creyó suyo.

Así el caso de Bolsonaro con su discurso en la última asamblea de la ONU, demandando la soberanía de Brazil sobre la selva amazónica. Y es aquí donde se evidencia la inutilidad de las fronteras nacionalistas en un mundo ecológico, donde las decisiones que dicho presidente tome sobre la selva afectará a otras 8 naciones del mismo continente y luego probablemente nos afecte a todos con los régimenes climáticos. O el caso en Chile donde Piñera tuvo que retractarse de sus decisiones, al igual que Moreno que contra la pared tuvo que reformar las tarifas de combustible o en el caso de Colombia donde el Gobierno tuvo que mediar con los estudiantes y gremios para llegar a acuerdos, que aún sin cumplir mantienen a los ciudadanos alerta y tomándose las calles casi diariamente. 
Hay que aclarar que dichas condiciones son sólo dadas en países democráticos y que no todas las sociedades permiten el movimiento social. Pero aun así, la agresión ha sido reconocida como un lenguaje innato del ser humano, y aunque desagradable, autores como Erich Fromm afirman que los humanos tendemos a patologías agresivas de comportamiento.

Y es así que como decía Darwin “iluminar el comportamiento humano desde los avances de la ciencia biológica” ofrecerá perspectivas diferentes a los problemas sociales, donde para este caso reconocer la protesta social como algo innato e instintivo del ser humano, permitirá enfocarlo hacia formas menos ofensivas que lo destructivo, lo vandálico que es lo inadecuado de la protesta. Pensemos entonces en las marchas como un ritual necesario, que hace parte del lenguaje humano y que aunque fue permitido por un contexto cultural democrático, es el resultado de la necesidad de defender la supervivencia de ciertos grupos de nuestra misma especie. La protesta permite el  movimiento de la jerarquías, al punto que en las calles el poder se vuelve mucho más horizontal, y como algunas personas lo llaman es “el fuego purificador” en situaciones donde se requiere un cambio. Quizá también permite reconocer la función de cada gremio o grupo dentro de la sociedad y no le entrega el poder directamente a unas élites oinstituciones, y  busca por sobretodo reconocernos en comunidad.

Como dice Palacio, el diálogo controversial es una alternativa a la agresión destructiva y es necesario para que se llegue a un beneficio común de la especie. Viéndolo de ese modo, las protestas requieren en vez de reprimirse, permitirse en escenarios participativos, enfocándose desde el punto de vista de un lenguaje de masas, como en el caso de las marchas por el Cambio Climático donde se habilitaron tarimas, y aunque persiste la toma del espacio público, que es necesario porque simboliza el territorio común, se permite la expresión en masa y sí genera cambios, y sí intimida, cosa que probablemente algunos gobiernos rechacen, pero es necesario desde un punto de vista evolutivo porque permite la persistencia de nuestra especie, que incluye tanto a los “opresores” como a los “indignados”.