Una mirada a la protesta desde la socio-biología
Los
representantes de las ciencias naturales en el SXX propusieron una perspectiva
“arriesgada” de analizar los problemas sociales desde la biología, utilizando
la etología para el estudio del comportamiento animal humano. Para este
momento, las ciencias sociales y las naturales debatieron su posición desde sus
métodos de estudio, para así demarcar sus paradigmas. Aun así, zoólogos y
científicos como Konrad Lorenz y Desmond Morris propusieron una mirada biológica
del comportamiento humano; atreviéndose a recordar el origen primate de nuestra
sociedad y nuestra posición, atreviéndose a afirmar que querámoslo o no,
estamos dentro de los mecanismos evolutivos como un chimpancé, o un lagarto collarejo.
Charles Darwin
en el siglo XIX, tuvo que dar una larga lucha para convencer a la academia de
ciencias en ubicar a nuestra especie como parte de las cadenas alimenticias y
nuestras relaciones cercanas con las poblaciones de chimpancés y Bonobos en
África. En el SXX y aún en nuestros tiempos, asumir nuestra relación animal
genera un rechazo casi inmediato para algunas personas, quizá porque nos cuesta
entender el origen salvaje de nuestra naturaleza o no queremos ver nuestro
reflejo peludo y con cola. Pero la propuesta de la socio-biología y la etología
como método de análisis de los problemas sociales tiene sus ventajas, y una
gran diferencia con las ciencias sociales, lo que permite su
complementariedad.
Así por
ejemplo, parafraseando al filósofo colombiano Roberto Palacios en su artículo
sobre la agresión y la guerra desde un punto de vista zoológico, la etología
utiliza 2 principios de análisis: la observación y la comparación, estas desde
una perspectiva inductiva y meramente descriptiva, permitiendo una posición
objetiva de los hechos que descarta momentáneamente los orígenes culturales del
comportamiento. Esto da como resultado generalmente que los científicos
reconozcan las causas innatas e instintivas del comportamiento humano, así como
los beneficios evolucionistas de los resultados de dicho comportamiento. Como
organismos sociales, al igual que las manadas de mamíferos que trabajan en
equipo para conseguir alimento, los humanos tenemos lo que llamamos la
política, originada a partir de los
grupos que toman decisiones sobre los recursos de toda la población.
Desde esa
perspectiva, las protestas sociales son un fenómeno que no es sólo una
característica de nuestra especie, siendo que los enfrentamientos
interéspecíficos son comunes y obedecen a la defensa del territorio, la
reproducción y la supervivencia y por tanto están relacionados directamente con
la Selección Natural. La protesta social, viene siendo ese mecanismo por el
cual los líderes de las manadas son enfrentados por individuos más jóvenes o
más fuertes, como sucede en las poblaciones de
caballos cimarrones de América del norte. Lo que nos diferencia es el
uso de la “violencia” como un lenguaje destructivo, que resulta en lo que
Konrad Lorenz (el padre de la etología) llamó la inadecuación de la agresión
humana.
Los últimos
casos presentados en Chile, Colombia, Ecuador, España entre otros, tienen
diferentes orígenes culturales. Así en Chile, las protestas están demostrando
una inconformidad frente a las estrategias de desarrollo neoliberales, en
Colombia de una manera similar las protestas piden la reorganización de la
economía de un país con una de las más altas brechas de desigualdad del mundo,
en España se lucha por la independencia de un gobierno que no se conoce como propio,
y en Ecuador así mismo, los indígenas se tomaron las calles de Quito pidiendo
mejores condiciones de vida para su comunidad. Quizá el caso más impactante en
términos de movimientos sociales, es el de las marchas por el cambio climático,
y el movimiento que despertó la falta de interés de gobiernos como el de Estados
Unidos frente a una situación que requiere de medidas contundentes y urgentes.
Lo que
tienen en común estas marchas, movimientos sociales o protestas entre ellas y
con otras infinitas que se han dado en la historia de la humanidad, es que se
hacen en respuesta de lo que se considera para cierto grupo, gremio o porción
de la población un acto previo de violencia. Entonces, estos grupos se levantan
porque se consideraron agredidos frente a las decisiones políticas, donde sus
territorios, recursos y por tanto su supervivencia entran en juego. Para
analizarlo desde una perspectiva etológica, vamos a situarnos en las marchas o
en la protesta desde su “hábitat natural” las calles o avenidas principales de
las ciudades, plazas, parques, donde el territorio entre los que vamos a llamar
“los indignados” y los que vamos a llamar los “opresores” comparten su poder,
el espacio público. Así mismo encontramos que los machos y hembras
participantes en estos movimientos, utilizan lenguajes intimidantes que
recuerdan a los rituales de etnias indígenas en los que se salta, se baila y se
canta alrededor del fuego. En algunos casos se cubren el rostro y se protege
dentro de la indentidad de grupo, la identidad individual, donde se unen por
una causa común.
La violencia
empieza a tener un valor muy importante, pues como lenguaje representa la
respuesta de esta porción de la población a un acto de violencia previo, dado
por el opresor o el gobierno al subirles el precio de su mecanismo de
transporte, “al tratarlos como animales” dicen algunos, al restringir el acceso
a sus recursos agua, petróleo, bosques, o intereses comunes como la paz en el
caso de Colombia. Y lo que resulta es aún más interesante, aunque los brazos
del grupo opresor dado por la fuerza pública como el poder militar, la policía,
entran a intentar detener la manifestación, en la mayoría de los casos los
demandados opresores deben salir a la voz pública generalmente intimidados a
mediar y a intentar ofrecer lo exhigido por la masa que está pidiendo el poder
de ese espacio público que por un momento creyó suyo.
Así el caso
de Bolsonaro con su discurso en la última asamblea de la ONU, demandando la
soberanía de Brazil sobre la selva amazónica. Y es aquí donde se evidencia la
inutilidad de las fronteras nacionalistas en un mundo ecológico, donde las
decisiones que dicho presidente tome sobre la selva afectará a otras 8 naciones
del mismo continente y luego probablemente nos afecte a todos con los régimenes
climáticos. O el caso en Chile donde Piñera tuvo que retractarse de sus
decisiones, al igual que Moreno que contra la pared tuvo que reformar las
tarifas de combustible o en el caso de Colombia donde el Gobierno tuvo que
mediar con los estudiantes y gremios para llegar a acuerdos, que aún sin
cumplir mantienen a los ciudadanos alerta y tomándose las calles casi
diariamente.
Hay que
aclarar que dichas condiciones son sólo dadas en países democráticos y que no
todas las sociedades permiten el movimiento social. Pero aun así, la agresión
ha sido reconocida como un lenguaje innato del ser humano, y aunque
desagradable, autores como Erich Fromm afirman que los humanos tendemos a
patologías agresivas de comportamiento.
Y es así que
como decía Darwin “iluminar el comportamiento humano desde los avances de la
ciencia biológica” ofrecerá perspectivas diferentes a los problemas sociales,
donde para este caso reconocer la protesta social como algo innato e instintivo
del ser humano, permitirá enfocarlo hacia formas menos ofensivas que lo
destructivo, lo vandálico que es lo inadecuado de la protesta. Pensemos
entonces en las marchas como un ritual necesario, que hace parte del lenguaje
humano y que aunque fue permitido por un contexto cultural democrático, es el
resultado de la necesidad de defender la supervivencia de ciertos grupos de
nuestra misma especie. La protesta permite el movimiento de la jerarquías, al punto que en
las calles el poder se vuelve mucho más horizontal, y como algunas personas lo
llaman es “el fuego purificador” en situaciones donde se requiere un cambio.
Quizá también permite reconocer la función de cada gremio o grupo dentro de la
sociedad y no le entrega el poder directamente a unas élites oinstituciones, y busca por sobretodo reconocernos en comunidad.
Como dice
Palacio, el diálogo controversial es una alternativa a la agresión destructiva
y es necesario para que se llegue a un beneficio común de la especie. Viéndolo
de ese modo, las protestas requieren en vez de reprimirse, permitirse en
escenarios participativos, enfocándose desde el punto de vista de un lenguaje
de masas, como en el caso de las marchas por el Cambio Climático donde se
habilitaron tarimas, y aunque persiste la toma del espacio público, que es
necesario porque simboliza el territorio común, se permite la expresión en masa
y sí genera cambios, y sí intimida, cosa que probablemente algunos gobiernos
rechacen, pero es necesario desde un punto de vista evolutivo porque permite la
persistencia de nuestra especie, que incluye tanto a los “opresores” como a los
“indignados”.