sábado, 8 de octubre de 2016

DEBEMOS CONTINUAR



Estando a 721 km de mi lugar de votación para el plebiscito, decido que debo hacer parte de uno de los sucesos políticos más importantes del siglo en Colombia. Tras una “pseudo-campaña”, que fue más un comentario por redes sociales y conversaciones al respecto, logré reunir con amigos lo que necesitaba para los pasajes de ida y regreso desde Bogotá a Pasto, donde se encontraba mi cédula inscrita.
Parafraseando a Diana Uribe, este es el momento para la re-significación de la memoria de un país en guerra, por un país con un referente de paz y prosperidad para el futuro. Es algo increíble para la generación de mis abuelos. 

Recuerdo cuando fui a Pasto a votar en las pasadas elecciones presidenciales. Era 2014 y hacía mi práctica de la universidad con comunidades campesinas en la fundación Suyusama, quienes aún trabajan por la sostenibilidad y sustentabilidad del departamento de Nariño. Por su puesto para quienes trabajamos con comunidades rurales, el conflicto, la violencia y las historias de guerra están siempre presentes en el análisis de la pobreza, el maltrato y la desigualdad.

De hecho ese mismo año en Tumaco se reportaban enfrentamientos de paramilitares y la columna móvil “Daniel Aldana” de las FARC.  Y en la frontera del Cauca y Nariño floreaban los campos de amapola que yo misma recorrí. En esta zona el Frente 29 de las FARC conmemoraba ese mismo año, la muerte de Tirofijo lanzando granadas a los patrulleros de la policía. 

También fueron frente de apoyo del Bloque Sur de las FARC y fueron los encargados de custodiar y asesinar a algunos de los diputados del valle. Ahora estos dos grupos en 2016 anuncian la dejación de armas y niegan disidencias en sus tropas. Aunque están preocupados por lo que pueda pasar con la población civil y los grupos paramilitares, especialmente en Tumaco.  

Incluso, algunas veces fue difícil hacer los trabajos de campo de la fundación,  porque existía mucho riesgo de enfrentamientos o atentados principalmente de la guerrilla. Por eso, bajo esa luz blanca del galeras y la lluvia tenue que caracteriza a Pasto llegué de Bogotá a votar. 

Encontré mi cédula en la mesa 22 del San Francisco Javier y cumplí mi misión de afirmar mi apoyo al cambio que Colombia necesita. En la tarde, el plan fue reunirnos a ver los resultados como si fuera el partido de la selección en el mundial. Emocionados, junto a antiguos compañeros y amigos pastusos, armábamos la Fiesta de la Paz desde las 3 de la tarde; chocolate, pan, amigos y la TV dando porcentajes.


Los proyectos del post-conflicto nos habían tocado a todos, pues la implementación de los acuerdos también haría parte ahora de nuestros proyectos de vida. Por supuesto fue más que una desilusión cuando vimos lo reñido de los resultados, la tendencia del NO en las ciudades y luego por supuesto la inminente derrota de nuestra esperanza. “Si yo fuera guerrillera, ya me estaría poniendo las botas”  decía una buena amiga mientras veíamos los resultados. Llantos, puteadas, suspiros, fue en lo que terminó ese día (a propósito oscuro) en el altiplano nariñense.

Ya se veía venir, la campaña del NO había sido mucho más fuerte, aunque con bastante desinformación, logró calarle al pueblo colombiano en la religión, en los principios conservadores y en la ignorancia sobre lo que significa la izquierda; Componentes por excelencia de la línea punteada que divide a Colombia en todos sus ámbitos políticos. Ya desde esto, ha pasado una semana. Santos ganó el nobel de la Paz, Uribe y representantes del “NO”, no asisten a las reuniones y tampoco proponen algo diferente. La incertidumbre del post-conflicto nos agobia a TODOS.
Pero desde el punto de vista empírico estos sucesos son un ejercicio democrático, que esperando no sea malinterpretada mi posición, ME ENCANTA. 

De repente, hasta los que no votaron tienen algo que decir al respecto. Esa gran mayoría desinteresada que se evidencio en las urnas aparece con gesto renovado y puño recogido en las marchas por la paz.

De regreso a Bogotá, pasé a medir la temperatura en Cali. No bailé salsa, en cambio salí a moverme al ritmo de las barras y la marcha universitaria por toda la quinta hasta la plaza de banderas. “No más Uribe, no más Uribe”, “el pueblo que camina pa’ delante y el gobierno que camina para atrás” “La paz se construye en el campo, la paz se construye en la ciudad” y mi favorita “¡¡¡El acuerdo permanece porque el pueblo lo merece!!!”



En definitiva, de las últimas protestas del gobierno de Santos a las que he tenido el placer de asistir (Ley 30 y las diferentes campesinas) esta ha sido de las más consecuentes. Se sentía verdadera la unidad ideológica entre estudiantes, policía, transeúntes y espectadores, a su manera todos mostraban algo de aprobación. Luego ver que en simultáneo Bogotá, Pasto, Barranquilla, Quibdó y otras 12 ciudades más incluyendo Nueva York estaban sintiendo las mismas pisadas y la misma vibración, me llenó de emoción.
No eran suficientes 4 años de negociación para curar la memoria de un país que sólo conoce el odio y la venganza. Será necesario más tiempo, años y seguramente décadas para que el país se sane desde la raíz de su Estado, que es la gente. El plebiscito y la victoria del NO nos recordó  la importancia de la soberanía y el poder de nuestra identidad. 


A propósito, en medio de una tusa de 6, 5 millones de personas que me rompieron el corazón, fui a la laguna de la cocha (municipio del Encano en Nariño). Agnóstica y tildada de pagana, yo necesitaba la laguna para meditar y pedir por mi país. Allí pensé, como un mensaje del aire que “Hay labores que no merecen distracción”. La incertidumbre de un futuro que no existe, no debe interponerse entre lo verdaderamente importante. Quienes trabajamos desde la humildad y la solidaridad, debemos continuar. No abandonaremos, no huiremos, no seremos desertores cobardes. Afuera deberán quedar la corrupción, el nepotismo y la ambición. Ante esta incertidumbre no queda más que alzar el azadón, la voz o cualquier herramienta menos un arma, para construir juntos y hacer REAL el post-conflicto y la tan esperada Fiesta de La Paz en Colombia.

Gracias a quienes hicieron este viaje y mi participación posible. Han quedado enseñanzas y mucha esperanza para el trabajo que queda por delante. Estamos en paz.