miércoles, 29 de julio de 2015

Del ideal a una realidad sustentable

El dilema legal de la explotación carbonera y la conservación de los encinares del Centro de México. 

En la Meseta Purépecha al oriente de la ciudad de Morelia, la explosión de volcanes, ahora extintos,  y su topografía resultante, no ha permitido que las milpas se expandan en la totalidad del intrincado relieve.  En contraste, las cimas y algunos valles del Pico del Águila, Tzirate y las serranías camino al municipio de Quiroga son bosques dominados por Encinos (Quercus Sp.), Pinos  (Pinus.Sp), y algunos árboles de piel caída llamados Madroños (Arbutus Sp.). Estos bosques permanecen en píe porque sus aproximadamente 40 hectáreas de distribución son la principal fuente de combustible de las comunidades rurales que habitan en el lugar.  


Son utilizados como leña para cocinar, calentar la casa y producción de carbón, siendo esta ultima la principal fuente de ingresos para algunas familias que desde hace más de un siglo mantienen los asados de fin de semana de los habitantes de Morelia y otras ciudades. 

La fabricación del carbón es un proceso tradicional donde generalmente participan varios integrantes de una familia. Algunos se encargan por una semana de talar la madera de hasta 14 árboles completos de los cuales se obtienen entre 8 y 14 toneladas de leña que se apilan y se cubren completamente de tierra (proceso conocido como sistema de parvas). Esto permite que, por la  ausencia de oxígeno, la combustión se haga incompleta, es decir, que salga el vapor de agua pero que el dióxido de carbono y otros compuestos permanezcan, generando así el carbón en aproximadamente 3 semanas (dependiendo de la humedad).  De una Tonelada de leña pueden salir entre 50 a 400 kg de carbón, una eficiencia relativamente baja por lo que se construyen entre uno y dos hornos casi semanalmente. 




La distribución del carbón la hacen pocos transportistas quienes compran el kilogramo de carbón a $3 y los venden en los almacenes entre $4 a $6  al por mayor y entre $10 a $12 al menudeo. Luego el precio en el mercado oscila entre los $20 y los $30. 

A pesar de lo común del mercado la cadena permanece en la informalidad. La única ley que regula la extracción de leña es la Norma 012 de la Secretaria de Medio Ambiente (SEMARNAT) donde especifica requisitos generalmente inalcanzables para los productores (especialmente en aspectos de tenencia de la tierra) y estos también denuncian altos precios para obtener la licencia, por lo que generalmente prefieren entregar “mordiscos” de lo producido a funcionarios ambientales durante el transporte del carbón para evadir las sanciones que van desde $15.000 hasta uno o dos años de prisión.

El carbón vegetal junto a otros biocombustibles, según la Agencia Internacional de Energía, representan el 70% de las fuentes de energía renovable del mundo, siendo una alternativa para los cada vez más agotados y costosos combustibles fósiles, especialmente en el sector rural. En México los encinares son utilizados para la extracción de leña y carbón por su alta densidad, su extracción tiene un profundo arraigo cultural en todos los estados excepto en la península de Yucatán.


 A pesar de que el consumo de carbón ha superado las 500 mil toneladas anuales (esto contando solo la producción formal) los programas de manejo forestal son inexistentes o ineficientes y la Ley Forestal dice que su actividad debe ser restringida por los impactos que puede generar pero no propone alternativas. 

Las comunidades “beneficiadas” por los planes gubernamentales denuncian la carencia de inversión inicial y seguimiento de los proyectos, así como corrupción en los programas de reforestación de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) donde muchos de los árboles plantados se dejan secar luego de realizar las fotografías de campaña.

Sin embargo, existe un gradiente de los impactos que puede matizar la problemática. Según estudios realizados por investigadores de la Universidad Autónoma de México (UNAM) la explotación de carbón con un manejo adecuado puede permitir obtener beneficios del bosque sin comprometer su permanencia, pues por sí misma es un factor directo de degradación y no necesariamente de deforestación. 

Es decir que la tala selectiva de algunas ramas o  árboles, así como la generación de caminos necesarios para la explotación, puede disminuir o cambiar la presencia de algunas especies silvestres y en consecuencia afectar las propiedades del suelo, el agua y la capacidad de absorción de carbono del bosque. Pero son más impactantes los casos en los que el uso del suelo cambia drásticamente hacia otra actividad como la Agricultura o asentamientos urbanos, donde el bosque simplemente desaparece.
 Los estudios utilizan fotografías aéreas para el monitoreo de la regeneración del bosque en función a la dinámica de los carboneros. 

Estos han permitido comprobar que la velocidad de regeneración puede ser más rápida que la explotación. Fotografías con registros cronológicos muestran parcelas enteras de bosque regenerado en 5 años de inactividad. Los biólogos que participan en el proyecto han cambiado su percepción respecto a la conservación digamos “extrema” y argumentan que el conocimiento sobre los ciclos de acumulación de biomasa según la especie y las condiciones ambientales, permitiría obtener mayor ganancia del bosque y disminuir los impactos a la biodiversidad. 

Diana Rogríguez estudiante de Posgrado que ha trabajado en predios con encinares de San Bernabé, Cuto y Zajo Grande al oeste de Morelia  afirma que  La degradación depende de las prácticas de manejo, pero para esto  la información debe salir del papel”Diana también afirma que la ausencia de conocimiento está en los efectos de la composición de los bosques, es decir en los efectos sobre la diversidad genética al interior del bosque.





Si se observa la región desde una avioneta,  se ve cubierta de encinos verdes o dorados dependiendo de la época. Incluso en los terrenos más inclinados crecen árboles de entre 4 y 12 metros, con la Agricultura discriminada a  los valles, el suelo restante está cubierto por una cama de hojas marrones que guardan la humedad y que hace que estos bosques sean fundamentales en la generación del lago de Cuitzeo y sus afluentes. 

 En la noche, en este bosque, se escucha el canto de ranas, zanates (Quiscalus mexicanu), pero también de hachas y sierras eléctricas. Recorriendo un par de kilómetros al interior, se comprenden los efectos que genera la explotación en la estructura y composición del bosque, pues es fundamentalmente diferente a los encinares maduros, altos, robustos y generalmente llenos de bromelias y orquídeas.

El crecimiento del bosque está constantemente interrumpido, por lo que los encinos son fácilmente confundibles con arbustos pues cuando son cortados rebrotan en 2 a 20 tallos delgados, todos llenos de pequeñas ramas delgadas y tupidas, probablemente en busca de obtener más recursos a causa del estrés. Hay insectos en los pastizales pero en estos bosques difícilmente hay movilidad para mamíferos grandes o aves de interior de bosque, hay cercas que dividen los predios con grandes rocas, rastros de hornos ya destruidos, caminos con huellas de bestias y el aire está cargado del humo de los hornos. Son los llamados bosques secundarios, que por el manejo permanecerán así por siglos.

La población cada vez creciente y los umbrales por los que la naturaleza es capaz de abastecernos es el reto de las ciencias ambientales, que buscan la permanencia de las instituciones sociales, las tradiciones y la identidad social,  inclinando la balanza de los recursos naturales que los mantienen; de hecho, de la necesidad de este equilibrio parte el concepto de sustentabilidad de finales del Siglo XX, pues el colapso inminente de la sociedad por la sobre-explotación de sus recursos ha sido una historia recurrente y ampliamente posible. En este caso en particular, las localidades al oeste de Morelia -como seguramente muchas otras comunidades rurales de México- tienen un alto índice de marginación, por lo que los beneficios que obtienen del bosque son para ellos de gran importancia. Pero la ausencia de regulación y organización de los carboneros es la causa de la posible sobre-explotación de los encinares, también de la competencia desleal y de la poca rentabilidad que existe en la cadena de valor, pero poca es la consciencia de los consumidores y de las entidades estatales sobre la complejidad de factores que se deben tener en cuenta para hacer un plan de manejo sustentable de un producto que generalmente es ignorado.

La estimación de la velocidad de regeneración del bosque ha pasado por años de investigación para la calibración de modelos y solo hasta ahora se está aplicando en planes de manejo “reales”. Aun así existen antecedentes en Querétaro donde estos casos han tenido éxito, y las consecuencias hasta el momento al oeste de Morelia parecen no ser tan graves como en otros casos de África donde la producción de carbón sí ha sido causa de deforestación, pues el profundo conocimiento de las comunidades aquí en el centro de México ha permitido que la tala, aun clandestina, mantenga el bosque.
 Lo absurdo es que el recurso se desvalore cuando salga al mercado y que los mayores beneficiaros sean los almacenes de cadena quienes muchas veces desconocen intencionalmente el origen del producto. Así mismo vale la pena cuestionarse sobre el estado de conservación de un bosque manejado y sus efectos sobre la funcionalidad del ecosistema. 
¿Los árboles después de los cambios estructurales que sufren son en verdad espacios que permiten la diversidad biológica? o el bosque se ha convertido en el jardín de los predios locales donde solo habitan perros, bestias y un par de golondrinas.